En busca de candidatos competentes y honrados

POR LA ELECCIÓN DE CANDIDATOS COMPETENTES Y HONRADOS

La muerte ha tocado a la puerta de muchas familias.

La pandemia no sólo ha significado la pérdida irreparable de miembros queridos, sino que ha derivado en una amenaza económica, particularmente para los grupos que viven en condiciones menos favorables. Hablamos de cuatro de cada cinco.

Enfermedad y pobreza se han cogido de la mano. Si de algo ha servido la pandemia es para poner sobre blanco y negro la precariedad del sistema de salud público, pero sobre todo la incompetencia de nuestros gobernantes. Para nadie es un secreto que a nivel entidad, Huachinango es el municipio más afectado por la pandemia, medido por el tamaño de su población. Las causas y las razones son históricas, pero hay una inobjetable: la negligencia en la aplicación de las medidas de prevención, que recae en las autoridades locales.

De acuerdo al Reporte de Covid-19 del gobierno de Puebla, al 27 de agosto de de 2020, Huauchinango, con un población que roza los cien mil habitantes, tiene 35 defunciones y 282 casos confirmados. ¿Hay responsabilidad de la autoridad en una circunstancias extraordinaria como la presente, incluso tratándose de un fenómeno de escala mundial? Me parece que aquí podemos ubicar el talón de Aquiles. Muchos gobernantes responden que por qué a ellos, si el mal es de todos. No olvidemos en este punto que el gobierno, los gobiernos nacionales, se funda sobre la base de garantizar la vida y la propiedad de los individuos, a cambio ellos renuncian a tomar acciones por su propia cuenta. De no cumplir una de las partes, se rompe el contrato social, y la obligatoriedad de los derechos y deberes, y en consecuencia el principio de obediencia que deben los individuos a la autoridad queda sin vigencia. Es lo que en otros términos, y como parte de la lucha política, se ha denominado principio de desobediencia civil, que no es otra cosas que socavar la legitimidad del orden. Pero dejemos esto por acá, en manos de los especialistas de la filosofía política, y volvamos al tema terrenal que nos ocupa. Qué es la elección de alcaldes el año entrante en las 217 demarcaciones de la entidad y, en particular del municipio de Huauchinango, motivo de este apresurado comentario.  Ante las consecuencias de la pandemia y ante el panorama cínico de los partidos políticos de ofrecer más de lo mismo para el año entrante, un grupo de personas de prestigio, con conciencia de futuro y responsabilidad social, urgidos por la emergencia sanitaria y económica, han tomado la determinación de no dejarlo todo en manos de los mismos (los partidos), que han probado una y otra vez su incapacidad supina para atender los asuntos que, mano en pecho, y por generaciones, han jurado y protestado resolver.

A la vuelta de los años, y no sé con cuentas alternancias municipales, a la derecha, al centro, y ahora a la izquierda, en busca de respuestas, y un grado mejor de bienestar, el resultado es que hoy ni siquiera uno de cada diez huauchinanguenses se encuentra fuera del flagelo de pobreza o vulnerabilidad. El dato oficial es que apenas .64 de cada diez se encuentra por arriba de esa condición inicua (INEGI-CONEVAL-2010). Uno de cada cuatro vive en pobreza extrema.

¿Qué hacer para cambiar lo que los partidos no han podido cambiar, o lo han cambiado para que todo siga igual, y el bienestar siga concentrado en las élites de siempre, es decir en ese .64% de la población? Cuentan que un grupo de personas del municipio (pequeños empresarios, dirigentes locales, sociedad civil) está buscando que Alberto Amador Leal acepte ser candidato a presidente municipal.  De conseguirlo, por primera vez en muchas décadas, el pueblo tendrá un gobernante de lujo. Su caso es de los pocos políticos profesionales que han logrado sobrevivir al imperio del dinero y la propaganda publicitaria electoral. Un estudio precursor sobre dinero ilegal en campañas (Amparo Casar, Dinero bajo la mesa), encontró que por cada peso lícito, hay 25 pesos de origen ilícito. Aquí cobra sentido la sentencia, de que para ganar no se requiere de un buen proyecto de gobierno, sino de un buen publicista.

El reino de los advenedizos.

En este reino los candidatos no tienen que saber de su jurisdicción, sino ser bonitos, y aparentar ser bobos, si es que en la vida real no lo son (los del Verde son prototipo).

El problema no es el ingreso de dinero ilegal en las elecciones proveniente del hampa, el problema es que religiosamente esas cantidades millonarias se pagan incrementadas en por lo menos un 400%. El rico que ayuda a un candidato con, digamos, un millón de pesos, espera recibir por lo menos cuatro millones de ganancia, en obra o en compras o pago en efectivo. Lo cual termina mermando en el tipo de acciones que se emprenden y su calidad. Esa merma termina siendo pagada por el ciudadano común y corriente de la calle, que en mala hora entregó su voto.

Es posible, deseable, que ese fenómeno se repita en el resto de los puestos de elección que estarán en disputa el año entrante. Y que los candidatos tengan el perfil para enfrentar y superar la emergencia. Y no el perfil de ver quien tiene más capacidad de llevarse la mayor cantidad de dinero del presupuesto.

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