Las Costumbres Mexicanas en la 4T

Observatorio Político
Por Maquiavelo
Foto Redes Sociales
Algunos se preguntan sobre el sometimiento de diversos actores políticos, renuncia o  defenestración partidista que, de acuerdo con los observadores políticos obedecería, o bien a la esperanza de obtener algún lugar en otro partido o coalición, a puestos de elección popular que les habrían sido negados por su partido o de plano por esconder algunos pecados capitales que no desearían se ventilaran y retirarse tranquilamente para disfrutar de sus ganancias.
En síntesis, el fin justifica los medios y la contraparte, para asegurar la erosión de partidos políticos contrarios trinan por haber dado oportunidad a corruptos, sin embargo, lo mejor de esta situación es que los principales actores podrían asegurar una relativa comodidad en su vida, sean o no postulados, con que no se les moleste les va de gane.

Esto me recordó un pasaje del libro de don Manuel Payno, “Costumbres Mexicanas” donde un militar en retiro peleaba por algunos créditos y a la sazón se llevó este interesante diálogo que reveló lo que podríamos decir, está en boga:  

Don Atanasio:
Vaya, usted se queja de poco, ¡puf! Si este gobierno va a caer muy pronto, ¡porque es imposible que pueda sostenerse en medio de la miseria!
Ocho días llevo de estar perdiendo el tiempo en el Ministerio de Hacienda en solicitud de ver al
Ministro, para que me mande pagar ocho mil pesos de unos créditos atrasados, y aún no
consigo ni siquiera que se me oiga. Cómo ha de marchar bien una sociedad donde se
desatienden quejas tan fundadas, y donde se deja a un viejo infeliz como yo morir de
hambre.
Don Florencio: No, no, es inaguantable esto: Miren ustedes lo que me sucedió:
Presenté una instancia recomendada para que me hicieran contador o tesorero del
tabaco, y me han hecho la notoria injusticia de nombrarme Escribiente con 500 pesos.
¿A mí escribiente, que poseo el francés, canto arias de la Norma y de la Sonámbula,
y he estado tres años en la Sirena, en el Cambio de Moneda, en el León de Oro; que le
hablo de tú a M. Coquin, que visito a las Marquesas de Río Verde y Campo Blanco,
reducirme a la miserable condición de escribiente?
¡Malediction! Yo me valdré de un representante que tiene entrada franca en Palacio, y verá usted si soy lo menos oficial primero.
-Don Atanasio: Ta, ta, hum, hum. Si ya están dados todos los empleos.
-Don Florencio: No importa, quitarán a alguno para ponerme a mí.
El Militar: Saben ustedes que estoy yo por pretender algún destino de Hacienda,
porque la carrera de la milicia está en el día muy abatida: no se premia el verdadero
mérito; y luego, que es mucho mejor ser empleado, porque se gana el dinero con una
tranquilidad, comiendo y bebiendo a sus horas…
-Don Atanasio: Pues señor, yo no solicito favor ninguno, sino que me paguen mis
ocho mil pesos y otros piquitos que me deben, y Cristo con todos.
-Un embozado que se acercó al grupo: Señores, felices noches
Los interlocutores volvieron la cara, y habiendo reconocido quién les hablaba, se
pararon haciendo muchas genuflexiones y cortesías.
—Señor don Facundo, tanta dicha de ver a usted. Vaya, siéntese usted y hónrenos
con tomar alguna cosa.
—Don Facundo: Vaya, tomaremos una taza de chocolate, aunque es detestable,
porque estos dueños de café se han echado con las petacas. ¡Hola, mozo!
—¡Hola, mozo! —repitieron los tres tocando la mesa.
—Don Atanasio: ¿Y qué nos dice usted de bueno? ¿La ley de Convocatoria se va a
expedir muy pronto?
—Don Facundo: Sí, ya nosotros dimos nuestro dictamen.
—Don Atanasio: ¡Oh!, y estaría muy bueno. Sí, vamos a ser felices. Este gobierno
va a perpetuarse y a labrar la felicidad de su país. Cabalmente eso decía yo a los
señores, ¿no es verdad?
—Don Florencio: ¿Y qué le contesté yo a usted? Que las cosas marchan muy bien, y
que vamos a tener una era…
—Don Atanasio: Antes de que se me olvide (con permiso de los señores), tenía que
decirle a usted dos palabritas.
—Don Facundo: Diga usted, que si en algo puedo servirlo…
—Don Atanasio: Pues señor, puede usted servirme. Usted tiene mucha amistad con
el señor ministro de Hacienda, y con una carta de recomendación, o mejor dicho, con
que usted le hablara verbalmente, conseguía yo que me pagaran unos créditos
atrasados, que por servir a un amigo les compré, y…
—Don Facundo: Bien, haré lo que se pueda, pero hay una orden para que no se
pague lo atrasado. —Don Atanasio: Pero un empeñito. —Don Facundo: Veremos, haré lo que pueda.
—Don Atanasio: Hará usted un beneficio a un pobre viejo cargado de familia.
-Militar: Vaya, don Atanasio, ya que concluyó usted, déjeme decirle al señor dos
palabras. 
—Don Facundo: Diga usted lo que guste. 
—Militar (Al oído de don Facundo): Pues yo me tomo la libertad de suplicar a usted
que le hable por mí al señor ministro de la Guerra, para que me den el empleo
efectivo de Coronel. Yo soy un hombre tan corto, tan enemigo de pedir, que nunca se
habrá visto una solicitud mía en el Ministerio; pero estoy seguro que con una
palabrita de usted se consigue lo que deseo; y créase usted, aunque me tome la mano
en decirlo, lo merezco: mire usted, aquí tengo una herida…
—Don Facundo: No se incomode usted, basta con que usted lo diga; pero la
dificultad es que yo no tengo mucha amistad con el señor ministro, y luego tienetantas ocupaciones, que…
—Militar: No hay apelación. Lo ruego a usted mucho, mucho; y espero que aunque
sea una carta…
—Don Facundo: Bien, en estos días haré lo que pueda si hablo al señor ministro.
—Don Florencio: Vaya, señor don Facundo, está decretado que usted nos confiese a
todos esta noche. Seré yo lacónico. Me han hecho escribiente del tabaco, y quiero ser
oficial primero lo menos; con una palabra que usted diga al señor director, está hecho
el negocio.
—Don Facundo: Pero, amiguito, ¡que se ande usted metiendo en servir a este
gobierno a quien no quiere!
—Don Florencio: ¿Que no quiero, dice usted? Es una calumnia inventada por mis
enemigos para perderme. Soy el más celoso defensor del gobierno (aparte), si me dan
el empleo….
Fragmento del libro “Costumbres Mexicanas” de don Manuel Payno (1810-1894) a usted, estimado lector-elector, le suena de algo…? Pues Veremos y Diremos. Conste.

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